sábado, 8 de octubre de 2016

Soy hermoso (Madmardigan Kohonen I )

Amanece el día. Madmardigan se despierta con él. Durante unas milésimas de segundo recuerda lo que soñó, eran los fragmentos que hacía menos de un año pertenecieron a su vida. Ahora, solo son recuerdos que le siguen atormentado en sueños. El tiempo paso y los recuerdos se desaparecen con él. En los segundos siguientes no recuerda nada. Solo hay vacío. No está triste, no está feliz, no hay sentimientos... no hay nada. En ese momento no tiene padres, no tiene hijos, no tiene mujer y no tiene a nadie. Es como si nunca hubiera existido, como si desde la nada lo hubieran puesto en el colchón de una vieja caravana. Madmardigan mira a su alrededor. Recuerda quién es. Él no ha sido la persona que ha visto en sus sueños, mejor dicho, el no ha sido una persona: ha sido miles. Él es un cuerpo de mil historias. Genric, Timth, Othelen, Gerrit, Naidara... Son solo algunos de los nombres que él ha tenido. Tiene más. Muchos más. Él no tiene un único nombre como el resto de personas. Tiene miles de nombres, cada uno con una historia diferente.

Se levanta de la cama se mira frente al espejo de su caravana observando con atención quienes ve al otro lado del reflejo. 

- ¡Ja! Soy hermoso.- Dice al mismo tiempo que con una mano se alza el pelo verde dejando media cabeza calva. - El más hermoso de todos los hermosos. Tan hermoso que los otros hermosos me quieren matar por envidia y las más hermosas se quieren arrodillar ante mi hermosura. Es lo que tiene ser hermoso.- Canta una canción sin ritmo que se inventa sobre la marcha al mismo tiempo que se pone su característico maquillaje por encima del que ya lleva puesto para poder parecerse a todos los seres que viven en él. -¡HERMOSO!-

-Me das asco- Se contesta a si mismo cambiando el tono de voz a uno más grave y severo. - Eres patético.-

-Seamos hermosos los dos pues. Esta caravana es lo suficientemente grande para guardar dos hermosos.- Vuelve a hablar con la primera voz.

-No.-  Finaliza la segunda con un tono seco y severo.

Madmardigan se dirige hacia uno de sus muchos baúles. En ellos están las cosas de cada quién que vive en él. Está buscando algo, la segunda voz está buscando una de sus cosas mientras la primera mira nervioso todo lo que guarda en el baúl. Lo encuentra. La primera voz grita de terror al ver la cosa que buscaba la segunda voz. Una espada.

-No lo hagas por favor. Pondré mi cabeza en estiércol para dejar de ser hermoso pero no me mates.-  Suplica la voz que cantó feliz minutos atrás.

-Tarde.- La segunda voz coge la espada, la lleva al vientre que pertenece la primera voz (y también al suyo) y lo apuñala repetidas veces. La falsa espada de atrezzo no le hace el menor daño.

-Jajajajajajaja.-  Ríe sonoramente Madmardigan inmerso en su locura echándose de espaldas contra el destrozado colchón de su caravana. - ¡SOMOS HERMOSOS, JAJAJAJA!-

El hombre de miles de historias sale de su caravana para saludar a sus dos caballos, una yegua de color canela y un macho de color blanco con manchas negras. Los dos son hermosos. Ellos no son como él, solo tienen una historia y no miles de ellas. La yegua se llama Gata, el caballo se llama Perro. Antes no se llamaban así, cuando él solo tenía una historia la hembra se llamaba Canela y el macho Tosco. Pero aquello fue hace más de dos años. Todo cambió desde entonces. La vida de Madmardigan cambió. Ya no era uno. Eran muchos. ¿Por qué sus caballos debían conservar el nombre que les puso el que tuvo una única vida? Los otros personajes decidieron cambiarles el nombre a todo cuanto rodea su vida. Al principio fue complicado, ninguno se ponía de acuerdo en cómo llamar a los caballos. Al fin, decidieron que cada día, un personaje pondría el nombre de los caballos. Hoy se llamarían Gata y Perro; ayer se llamaron Cuchara y Tenedor; el anterior Letrina y Retrete.

Madmardigan, como cada mañana, da una manzana a cada caballo. No importa que personaje sea, los caballos han de comer. Han de seguir siendo hermosos.


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